Cuántas veces nos salvó el pudor y mis ganas de siempre buscarte, pedacito de amor delirante colgado de tu cuello un sábado de lluvia a las cinco de la tarde. Sabe dios cómo me cuesta dejarte, y te miro mientras dormís, más, no voy a despertarte es que hoy se me agotó la esperanza por que con lo que los queda de nosotros, ya no alcanza. Eres lo que más he querido en la vida, lo que más he querido en la vida.
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